La respuesta es un SÍ, y un NO. Comenzaré diciendo que es muy afamado el hecho de que el pueblo egipcio bajo una idea teológica de mantener en cuerpo Post Mortem a sus faraones en las “mejores condiciones posibles” para su paso hacia la vida eterna en el umbral de la muerte, eran momificados y sumergidos en un sarcófago que llevaba la imagen de su rostro realizado por artistas y artesanos mediante un proceso especial, para ser enterrado además con sus esclavas y objetos materiales muy lujosos, apreciados por el difunto, para ser sellados y protegidos dentro de una Gran Pirámide mandada construir por ellos mismos, miembros de la realeza, en vida.
¡Nada de esto resulta nuevo! Lo que tal vez sí le pueda sorprender, es el hecho de esa idea de embalsamar surgida por la mente egipcia (la cual no fue creada en ningún otro pueblo o civilización en la Antigüedad); embalsamar fue la resultante de la observación de los seres caídos en el Desierto hoy en día conocido como el Desierto de Libia, en la parte este del Río Nilo.
Me explicaré mejor sin ningún circunloquio. A lo que me refiero es al hecho de que algunas personas en su trayectoria por el inhóspito desierto, morían en el camino, lo cual las hacía permanecer casi intactas por un largo periodo, debido a la salinidad y componentes de la arena del desierto, la cual conservaba en muy buenas condiciones a los cadáveres.
Así qué la idea de embalsamar a sus muertos en Egipto no fue tarea muy novedosa para dicha y sofisticada civilización ya legendaria, ni difícil de elucubrar, pasando a formar dicho acto de conservación, como parte de la cultura de Egipto.
Suceso que no fue realizado por ningún otro pueblo con una “naturaleza” totalmente opuesta en donde los cadáveres se corrompen con facilidad, y en la que han habitado la mayoría de las otras sociedades.
En México empero, existen las “Momias de Guanajuato”, pero pertenecen a otra historia, de otra época y de diversa experiencia cultural que por el momento no trataré.

