Un día como cualquiera
Ana barría y barría como todos los días. solo un gato y un viejo sillón le hacían compañía. Grandes arrugas zanjaban su piel y en sus ojos, se reflejaba el tiempo perdido. Un día de pronto, su cuerpo dio un fuerte jirón, y en el cuarto empezó a tambalear cada cuadro cada mueble cada planta. […]









