Cada 8 de marzo el mundo se pinta de morado. No es moda, no es tendencia y definitivamente no es una fecha comercial. Es un día que incomoda, que cuestiona y que recuerda. El llamado Día Internacional de la Mujer es, en realidad, una jornada de memoria, resistencia y exigencia.
Este día se conmemora la lucha histórica de las mujeres por sus derechos: votar, estudiar, trabajar, decidir sobre su cuerpo, vivir sin violencia. Lo que hoy parece “normal” fue resultado de años —y generaciones— de mujeres que marcharon, protestaron y no se quedaron calladas.
En ciudades como la Ciudad de México, miles de mujeres salen a las calles con pancartas, glitter morado en los ojos y consignas que retumban fuerte. No es solo una marcha, es un mensaje colectivo: seguimos aquí y no vamos a dejar de exigir igualdad, seguridad y respeto.

Pero el 8M no solo vive en las calles. También se refleja en conversatorios, exposiciones, espacios culturales, universidades y medios que abren el diálogo sobre la brecha salarial, violencia de género, representación y derechos reproductivos. Es un día que invita a informarse, a cuestionar privilegios y a escuchar.
Y algo importante: no es un “feliz día”. No es para regalar rosas ni descuentos en maquillaje. Es para reflexionar. Para reconocer lo que falta. Para acompañar. Para incomodarse un poco si es necesario.
Hoy las mujeres están liderando proyectos, creando marcas, rompiendo estereotipos y ocupando espacios que antes les eran negados. Pero también siguen enfrentando desigualdades reales. Por eso esta fecha no es celebración vacía, es memoria activa.

Más que flores, más que frases bonitas en redes, este es un día para alzar la voz. Para abrazar la sororidad. Para recordar a las que ya no están. Y para dejar claro que la lucha no es moda, es historia viva.
Porque ser mujer no debería ser un riesgo. Y porque el cambio no es opcional, es urgente. 💜

